Acidez y reflujo: cómo calmar el ardor y organizar su día para que no vuelva
El ardor detrás del esternón después de comer es muy común, pero no tiene por qué ser parte de su rutina. Conozca qué lo provoca, qué cambios hacer en cada...
Ese ardor que sube después de comer
Usted termina de almorzar y, al rato, aparece una sensación de quemazón que empieza en la boca del estómago y sube por el pecho. A veces viene acompañada de un sabor ácido o amargo en la garganta, o de la sensación de que la comida "regresa". Muchas personas lo llaman simplemente acidez, agruras o ardor, y lo viven como una molestia pasajera.
La mayoría de las veces lo es. Pero cuando se repite con frecuencia, puede tratarse de enfermedad por reflujo gastroesofágico, conocida por sus siglas ERGE. La buena noticia es que gran parte de los casos mejora con ajustes concretos en los horarios, la forma de comer y la manera de dormir.
Qué está pasando en su cuerpo
Entre el esófago (el tubo que lleva la comida desde la boca) y el estómago existe un anillo muscular llamado esfínter esofágico inferior. Funciona como una válvula: se abre para dejar pasar el alimento y luego se cierra para que el contenido del estómago no suba.
El estómago está preparado para tolerar su propio ácido, pero el esófago no. Cuando esa válvula se relaja en el momento equivocado o no cierra bien, el ácido sube y irrita la pared del esófago. Eso es lo que usted siente como ardor.
Varios factores favorecen que esto ocurra: comidas muy abundantes que distienden el estómago, acostarse poco después de comer, el exceso de peso en el abdomen, el embarazo, el tabaco, el alcohol y algunos medicamentos. También influyen ciertos alimentos, aunque aquí hay mucha variación entre personas.
Síntomas que no siempre se asocian al reflujo
El ardor es el síntoma más conocido, pero no el único. El reflujo también puede manifestarse como tos seca persistente, especialmente de noche, ronquera al despertar, carraspeo frecuente, sensación de tener algo atorado en la garganta o mal aliento. Si tiene alguno de estos síntomas sin causa clara, vale la pena mencionarlo en su próxima consulta.
Un día pensado para su estómago
En lugar de una lista de prohibiciones, le proponemos revisar su rutina por momentos. Así es más fácil identificar dónde están sus puntos débiles.
Por la mañana
Si su desayuno es solo café con el estómago vacío, preste atención a cómo se siente después. El café no causa reflujo en todas las personas, pero en algunas lo empeora claramente. Pruebe acompañarlo con algo de comida o reducir la cantidad durante una semana y observe la diferencia.
Si su médico le indicó un medicamento como el omeprazol, la mañana es clave: estos fármacos funcionan mejor cuando se toman entre 30 y 60 minutos antes del desayuno. Tomarlo después de comer o a cualquier hora reduce su efecto. Puede repasar más sobre este tema en nuestro artículo sobre por qué el momento en que toma sus medicamentos también importa.
Al almorzar
El almuerzo suele ser la comida más abundante en muchos hogares latinoamericanos, y eso juega en contra. Un estómago muy lleno presiona la válvula y facilita que el ácido suba. Algunas estrategias simples:
- Sirva porciones moderadas y espere unos minutos antes de repetir. La sensación de saciedad tarda en llegar.
- Coma despacio y mastique bien. Comer rápido hace que trague más aire y más cantidad de la necesaria.
- Modere las frituras y las comidas muy grasosas, que hacen que el estómago tarde más en vaciarse.
- Evite las bebidas gaseosas durante la comida, ya que aumentan la distensión del estómago.
Si almuerza con frecuencia fuera de casa, le pueden servir las ideas de nuestra guía para comer en restaurantes y locales de comida rápida sin abandonar sus hábitos.
Por la tarde
Justo después de almorzar, evite recostarse en el sillón o agacharse para hacer tareas pesadas. Si puede, dé una caminata suave de diez o quince minutos. También ayuda aflojar el cinturón o evitar ropa muy ajustada en la cintura, que comprime el abdomen.
Esta es una buena hora para hacer un pequeño registro: anote qué comió y si tuvo ardor. En dos o tres semanas tendrá una idea mucho más clara de sus desencadenantes personales. Para algunas personas el problema es el tomate o los cítricos; para otras, el chocolate, la menta, el ají o el alcohol. No tiene sentido eliminar todo de golpe si solo uno o dos alimentos le afectan.
En la cena
Aquí está uno de los cambios más efectivos: cene al menos dos o tres horas antes de acostarse. Cuando está de pie o sentado, la gravedad ayuda a mantener el contenido del estómago en su lugar. Si se acuesta con el estómago lleno, esa ayuda desaparece.
Prefiera una cena más ligera que el almuerzo y deje para otro momento las comidas muy condimentadas o grasosas.
Al acostarse
Si el ardor le despierta o empeora de noche, pruebe elevar la cabecera de la cama unos 15 a 20 centímetros, colocando bloques firmes bajo las patas del lado de la cabeza. Apilar almohadas no suele funcionar igual, porque dobla el cuerpo a la altura del abdomen y puede aumentar la presión sobre el estómago.
Algunas personas notan alivio al dormir sobre el lado izquierdo. Un descanso de calidad también influye en cómo tolera el cuerpo las molestias; en nuestra guía de higiene del sueño encontrará otros hábitos que pueden ayudarle.
Medicamentos de venta libre: qué hace cada uno
En la farmacia encontrará varias opciones, y conviene entender sus diferencias:
- Antiácidos (como los que contienen hidróxido de aluminio, magnesio o carbonato de calcio): neutralizan el ácido que ya está en el estómago. Actúan rápido pero duran poco. Sirven para episodios ocasionales.
- Bloqueadores H2 (como la famotidina): reducen la producción de ácido. Tardan algo más en hacer efecto, pero el alivio dura más horas.
- Inhibidores de la bomba de protones (como el omeprazol, el esomeprazol o el pantoprazol): son los que más reducen la producción de ácido. Se usan cuando los síntomas son frecuentes, y lo ideal es que su uso prolongado esté supervisado por un médico.
Usar un antiácido de vez en cuando es razonable. Tomar omeprazol durante meses por cuenta propia, en cambio, puede ocultar síntomas de otros problemas y no está libre de efectos a largo plazo. Si le interesa profundizar, revise nuestro artículo sobre cuándo la automedicación es razonable y cuándo pone en riesgo su salud.
Cuándo no debe esperar
Consulte a su médico si el ardor aparece más de dos veces por semana, si necesita antiácidos con frecuencia o si los síntomas no mejoran tras unas semanas de cambios en sus hábitos. Busque atención con mayor prontitud si nota:
- Dificultad o dolor al tragar, o sensación de que la comida se queda atascada.
- Pérdida de peso sin estar haciendo dieta.
- Vómitos con sangre o con aspecto de borra de café.
- Heces negras y pegajosas, como alquitrán.
- Cansancio inusual o palidez, que pueden indicar anemia.
- Síntomas que aparecen por primera vez después de los 50 años.
Un punto importante: el dolor de un infarto a veces se confunde con acidez. Si siente opresión en el pecho acompañada de falta de aire, sudoración fría, náuseas o dolor que se extiende al brazo, la mandíbula o la espalda, no lo atribuya al reflujo. Llame a emergencias de inmediato.
Lo que puede empezar hoy
No necesita cambiar todo a la vez. Elija dos medidas para esta semana, por ejemplo cenar más temprano y llevar un registro de lo que come, y observe cómo responde su cuerpo. Muchas personas descubren que unos pocos ajustes bien elegidos reducen el ardor de forma notable. Y si no es así, ese registro será una herramienta muy útil para su médico.
Este artículo es solo informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de salud. Ante cualquier duda sobre su salud, consulte a su médico.
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