«Después de bailar una canción te va a ser mucho más fácil concentrarte»
Ana Ibáñez, investigadora en neurociencia, explica cómo funciona el cerebro ante el miedo, la ansiedad, la concentración, la creatividad y la autoestima, y...
El cerebro y su misión principal: la supervivencia
Ana Ibáñez, investigadora en neurociencia e ingeniera química, lleva más de una década estudiando el cerebro humano. Su objetivo es ofrecer a las personas recursos prácticos sobre el funcionamiento de este órgano para que puedan mejorar su salud y rendimiento. En su libro Sorprende a tu mente (Planeta, 2023), Ibáñez propone esclarecer la química cerebral como punto de partida para incidir en todas las esferas de nuestra salud mental: desde los miedos hasta el amor y la autoestima, pasando por la creatividad y la atención.
¿Cómo funciona el miedo en el cerebro?
El objetivo principal del cerebro es garantizar nuestra supervivencia. Eso significa que está constantemente alerta ante estímulos del exterior que puedan representar una amenaza. Por su desarrollo evolutivo, el cerebro tiende a hacernos ver las cosas peores de lo que realmente son, como mecanismo de protección.
El miedo nos mantiene conscientes de las amenazas del entorno. En cambio, el mecanismo de la motivación nos lleva a buscar oportunidades para desarrollarnos y mejorar. Sin embargo, por razones evolutivas, el circuito del miedo siempre se activa primero. La clave está en darle el valor justo a las amenazas, reconocer cuándo el cerebro está exagerando y conectar con el circuito de las oportunidades.
Un ejercicio práctico para superar el miedo
La visualización es una herramienta poderosa. Si, por ejemplo, tiene miedo a hablar en público, puede cerrar los ojos e imaginarse dando una presentación exitosa: la audiencia sonríe, se siente satisfecha con lo que usted ha dicho. Al hacer esto, la activación cerebral del miedo disminuye, porque la amígdala no puede diferenciar lo que ocurre de manera real de lo que se visualiza con claridad. Este ejercicio le enseña al cerebro que la situación temida puede salir bien.
La ansiedad: miedo acumulado
La ansiedad funciona con un mecanismo similar al del miedo. Es un estado en el que, aunque no exista una amenaza real en ese momento, el cerebro genera un estrés interno muy intenso. Según Ibáñez, cuando entendemos la ansiedad desde el punto de vista cerebral, nos damos cuenta de que se trata de miedo y tensión acumulada que se ha quedado almacenada en el cerebro.
Existen tantos tipos de ansiedad como personas, y puede afectar tanto a niños como a adultos. Si le interesa conocer más sobre cómo manejar el estrés de manera saludable, existen estrategias complementarias que pueden ayudar.
El cuerpo como herramienta para transformar emociones
Una de las formas más efectivas de incidir sobre las emociones es a través del movimiento corporal. Las emociones están profundamente conectadas con el cuerpo y su memoria muscular. El cuerpo guarda todo lo que hemos hecho y cómo nos hemos movido en determinados momentos; por eso, al escuchar una canción de otra época, volvemos emocionalmente a ese momento.
Cuando el estado de ánimo está bajo, activarse con movimiento y música puede generar un cambio real. Al moverse como si estuviera alegre, el cerebro se sorprende y comienza a activar áreas asociadas con emociones positivas. Esto ha sido comprobado con resonancia magnética: llevar al cerebro a pensamientos y acciones físicas asociadas a ciertas situaciones puede activar las áreas cerebrales relacionadas con ellas.
Concentración: calma y energía
Para lograr la concentración, el cerebro necesita dos condiciones fundamentales:
- Calma de base: reducir el nivel de activación general para poder sentarse y enfocarse.
- Energía suficiente: concentrarse requiere un esfuerzo cerebral importante, ya que implica filtrar todos los estímulos del entorno y centrarse en uno solo.
Al cerebro le resulta más natural dejarse llevar y atender múltiples cosas a la vez, por lo que enfocarse en una sola tarea supone un esfuerzo consciente, especialmente al principio.
Consejos para mejorar la concentración
- Cree un ritual de calma: puede acostumbrar al cerebro a asociar ciertos estímulos con la concentración. Por ejemplo, preparar una infusión caliente antes de trabajar. Con el tiempo, solo olerla le indicará al cerebro que es momento de enfocarse.
- Adecúe su entorno: cada persona sabe qué lugares, luces y condiciones le generan tranquilidad. Aproveche ese conocimiento.
- Muévase antes de concentrarse: el ejercicio previo oxigena el cerebro y facilita la concentración. Salir a dar un paseo corto, dar unos saltos o bailar una canción puede hacer una gran diferencia.
Mantenerse físicamente activo también tiene beneficios generales para la salud. Si desea saber cuánto ejercicio es recomendable hacer, esa información puede orientarle.
Creatividad: el cerebro desenfocado
La creatividad surge cuando el cerebro está en un estado desenfocado, divagando entre distintas ideas. En ese momento, el cerebro produce unas frecuencias de onda específicas que favorecen el pensamiento creativo. Esos momentos ocurren, por ejemplo, al ducharse, al salir a caminar o durante la duermevela, ese instante justo antes de quedarse dormido.
Es posible entrenar al cerebro para que acceda con mayor naturalidad a esas frecuencias creativas. De esos estados mentales es de donde suelen surgir las mejores ideas. Cuidar la calidad del sueño también puede contribuir a facilitar estos procesos.
Autoestima: el miedo a no ser querido
La autoestima es la capacidad de sentirnos merecedores del afecto de los demás. Todos los seres humanos lidiamos con esto en mayor o menor medida, y no siempre nos sentimos seguros de nosotros mismos. Es algo absolutamente natural.
Desde el punto de vista evolutivo, la autoestima está muy ligada al miedo al rechazo. Los seres humanos somos vulnerables y dependemos del cuidado mutuo para sobrevivir, por lo que el temor a ser apartados del grupo está profundamente arraigado.
Un ejercicio para fortalecer la autoestima
Aunque a veces la autoestima esté baja, siempre hay cosas que sabemos que hacemos bien. Un ejercicio muy útil consiste en preguntarle a personas cercanas tres cosas que les gustan de usted o tres razones por las que su presencia les hace bien. Las respuestas suelen ser sorprendentes y revelan cualidades positivas que uno mismo no percibe. Este ejercicio resulta muy sanador porque nos ayuda a ver que somos queridos por cómo somos, no por lo que hacemos.
Este artículo es solo informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de salud. Ante cualquier duda sobre su salud, consulte a su médico.